Leo Cabra

Este Leo tiene el espíritu efímero de un artista y la ambición de dos Napoleón Bonaparte

Esta mezcla perfecta de sensibilidad y resolución le permite, pese a su apariencia descuidada y su mente fantasiosa, llegar directamente al lugar más destacado, en el momento oportuno. A las Cabras de Leo el cielo les ha otorgado un don del que carecen la mayoría de las otras Cabras: el sentido común.
Por supuesto, una Cabra siempre sigue siendo una Cabra, y esta no es la excepción de la regla. Como todas las Cabras, sufre del mal que suele ser su perdición: la falta de previsión. La Cabra vive en el presente, en el instante, en la fracción de segundo que pasa. Pero si sus deseos se tornan realidad, ocurre con frecuencia que se limita a mirar cómo se les escurren entre los dedos, sin hacer nada. La Cabra es incapaz de perseverar mucho tiempo en algo, sea lo que fuere. Casi podríamos decir que no lo desea.
La brillante inteligencia de Leo combinará bien con la naturaleza hiperimaginativa de la Cabra. Estos sujetos poseen a la vez el impulso y la penetración necesarios para una gran variedad de realizaciones artísticas. Sin embargo, los Leo Cabras detestan la crítica; por lo general simulan ignorarla y siguen su camino volviendo a hacer aquello por lo que han sido criticados. No vacilan en servirse de los otros para su propio progreso y, por esto mismo, puede tachárselos (una vez más) de dependientes. Con frecuencia es gracias a la diligencia de un tercero que estos nativos se ven catapultados a la celebridad o el poder, fenómeno que permite la combinación de la maleabilidad de la Cabra y la fuerza de Leo.
Las Cabras siempre andan volando en alguna parte, a unos metros por encima de su propia cabeza contemplando cómo se mueve el mundo. Los Leo, aunque con más pompa, hacen lo mismo, y a veces su orgullo los inflama tanto que llegan a perder de vista dónde tienen los pies. Es probable que este sujeto dé una impresión de altanero y hasta distante. Llame otra vez. Si no lo atiende, pegue el dedo al timbre.
Este es un signo abundante en oportunismo. La Cabra no suele tener los pies sobre la tierra, pero cuando los tiene es aguda y percibe hasta los menores matices. El León domina, vigila, protege. Y cuando la Cabra ha detectado una oportunidad de avanzar y da a Leo la señal de saltar… ¡arrrgh! Se convierte en presidente del mundo.
Con la condición, empero, de que use la cabeza para pensar y no sólo para llevar un sombrero, pues de lo contrario su presidencia durará muy poco. Los Leo Cabras deben dejar el poder de decisión en manos de gente sabia cuyo consejo deben procurar y seguir. La desdichada tendencia de estos nativos a olvidar que existe el día de mañana siempre socavará sus fuerzas, a menos que alguien les prevenga, metódica e inteligentemente, acerca de los peligros que los esperan.
Los Leo Cabras son seres temerarios. De jóvenes suelen lanzarse solos a la vida y tratan de conquistar la notoriedad chocando con personas más conservadoras que ellos. También son un poco ampulosos y nunca se cansan de escuchar el sonido de su propia voz.

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