Leo Dragón

Egocéntrico total con corazón de oro

¿Es así como debemos juzgar a los Leo Dragón? ¿Son verdaderamente tan centrados en sí mismos como para merecer el calificativo hiperbólico de egocéntricos? Sí. Lo son. Pero yo lo afirmo casi como un cumplido.
No a todo el mundo se lo otorga nacer superior a sus semejantes. Y, como ya lo he repetido muchas veces en este libro, ningún signo es superior a otro. Pero los Leo Dragones son seres tan majestuosos, tan dueños de sí, tan valientes, tan sanos, tan nobles, que uno se siente tentado de decir que, aunque todos los signos sean iguales, algunos son más iguales que otros.
Siempre pensamos que, si hubiéramos podido elegir, nos hubiera gustado ser un Leo Dragón. Son personas tan… tan fastuosas y magníficas… y también muy agradables.
El León es el Dragón magnánimo. El Dragón justo y equitativo. El Dragón poderoso, leal y protector, El Dragón que mejor personifica la naturaleza profunda de todos los Dragones. Fuego. Sol. Ruido. Competencia y seguridad. Y, curiosamente, es el signo que mejor permite a Leo contrabalancear su ocasional falta de modestia.
Veamos. A los Leo, cálidos y generosos, les gusta compartir sus riquezas. Los Dragones pueden ser muy egoístas, pero saben recibir. La alianza de ambos establece un equilibrio perfecto entre el dar y el recibir. Cuando el Leo siente la tentación de mostrarse demasiado generoso, interviene el Dragón: “No, treinta toneladas de caramelos para los niños del orfanato es demasiado. Con tres toneladas está bien.” Y cuando el Dragón se torna un poco amarrete, el ángel guardián de Leo lo reprende: “¿No te da vergüenza? ¡Vamos, abre la billetera y ayuda a esa pobre viuda! ¡Rápido!” El Leo Dragón es una mezcla que funciona muy bien.
La integridad y la auténtica nobleza del León son precisamente las cualidades que suelen faltarle al Dragón. La desconfianza del Dragón atenúa la tendencia de Leo a creer demasiado en sí mismo. Y el Dragón confiere a Leo una salud y una vitalidad desbordantes de las que este último suele carecer, puesto que es levemente lánguido por naturaleza.
Este nativo es tan sentimental que este rasgo se torna en él casi una debilidad. No soporta las tragedias. Cuando lee el diario saltea las noticias sobre niños golpeados y perros maltratados. Tiene el corazón tan tierno que se le derrite por cualquier cosa. Pero también tiene el sentido del deber. Si la tragedia ataca su hogar o a sus seres queridos, tomará las riendas y avanzará en primera línea en su defensa. En cambio, si el drama ocurre lejos de su círculo de influencia, prefiere no hablar de él, pues sufriría demasiado y no podría hacer nada.
A menudo los Leo Dragones gozan de una longevidad extraordinaria. Como son muy vanidosos, es probable que quieran mantenerse más jóvenes y hermosos que la mayoría pese a la edad, y a causa de ello sigan regímenes y se cuiden mucho en la comida. Estos nativos cuidan mucho de sí mismos, para poder cuidar mejor de los demás. Además, como siempre tienen la cabeza ocupada con grandes proyectos complicados, envejecer les resulta casi imposible: no tienen tiempo para caer en la decrepitud. Por otra parte, recordemos que las hadas suelen bendecir a los Dragones, desde el nacimiento, con una salud excepcional.

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