Libra y el Amor

El amor y el Signo Libra

Gwyneth Paltrow es del Signo Libra.

Libra está regido por Venus, astro del amor y la belleza. Libra es, pues, el signo del amor. No un amor grosero, brutal, ni tampoco ideal o metafísico, sino sensual y espiritual a un tiempo.

Y está hecho para el arte de amar. Arte del que es maestro o, mejor, una gran sacerdotisa, ya que para el Libra el amor es sagrado y hacer el amor es todo un ritual, siempre nuevo y siempre antiguo, como el eterno ciclo de la vida, como la eterna ronda de los astros…

Un ritual para el que Libra se preparará cada vez sagradamente. No sólo su persona, en su calidad de oficiante, mediante abluciones y perfumes, sino también en sus ropajes rituales (sedas y encajes) y en el ambiente mismo del ceremonial (flores, medias luces, músicas evocadoras…).

Y no digamos ya lo que será el propio altar. Desde luego, no estará situado en cualquier parte, sino en la más bella, apartada y silenciosa sala del lugar, aquella mejor orientada, desde cuyo ventanal se vislumbre la cálida y plateada noche a la luz de la luna, y al alba se entrevea la suave luz rosada del amanecer.

El altar estará, a su vez, ornado de ricos ropajes y flores perfumadas, rodeado de licores sublimemente embriagadores y frutos delicados…

Imagine entonces alguien, por un momento, que él sea el dios: será ofrendado, regalado y adorado hasta en los más mínimos detalles, embrujado hasta el punto de perder la noción del tiempo y del espacio, de olvidar dónde se encuentra, si aquí o en las estrellas, en este mundo o en el cielo… Y las horas transcurrirán en un instante o como una eternidad: la plenitud es presente y es eterna…

Y al despertar de este sueño se sentirá arrojado a un mundo vulgar, insípido, feo y ruidoso, expulsado del paraíso.

Y entonces, sin el Libra al lado, las horas transcurrirán tan lentas como en el infierno. Y sólo le quedará esperar un nuevo encuentro…

Pero, ¡ay!, la magia puede durar lo que un respiro e, inusitadamente, convertirse en drama, ya que el Libra, aunque aspira por encima de todo a la perfecta y eterna unión con el ser amado, desgraciadamente es infiel por naturaleza. Y pronto sus ojos son deslumhrados por una estrella más brillante…

Y es que el Libra, además de tender a la cursilería —como vemos—, es extraordinariamente coqueto e inconstante, siendo la veleidad un rasgo innato de su naturaleza.

Recuérdese al respecto los numerosos amantes de Venus (para gran desesperación de Hefaistos, su marido), entre ellos el fogoso Marte, dios de la guerra.

Ahora bien, no por esto el mismo Libra dejará de ser celoso, y además posee un olfato finísimo para toda posible o remota veleidad de cualquiera de sus numerosos flirts y, no digamos, de su pareja.

Esta infidelidad no se debe a que reste importancia al amor, sino a todo lo contrario, a que busca constantemente una pareja que corresponda a su ideal de perfección. Y eso no es fácil de encontrar.

 

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